Hamas se encargará de Gaza definitivamente. Al menos eso parece en esta volátil región del mundo. En tanto Fatah, se perfila como dominador en la Ribera Occidental. ¿Cómo sigue la historia? El sueño de un Estado Palestino nunca estuvo tan lejos de ser real. Esta pelea política -con armas de por medio- entre las dos facciones más importantes acabó con la esperanza de darles a los palestinos un estado único.
En Gaza, Hamas toma nuevas atribuciones. Ahora, deben controlar el territorio en su totalidad. Deben encargarse de tareas administrativas y de orden público. Nueva “policía”, de no enmascarados, comenzó a imponerse en las calles. Desde ya se nota un mayor apego a las leyes existentes, sobre las de orden público. Los saqueos esporádicos que surgieron en los primeros días de caos fueron condenados, y quedó claro que no sería una anarquía. Ismael Haniyeh sigue sin aceptar su despido, y se ubica como el manda más de la Franja. Sigue predicando unidad y rechazando la solución de dos estados palestinos. En sintonía y desde el exilio, el líder de Hamas Kahled Meshall apoya la unidad nacional, pero la toma de Gaza para ponerla a punto (nunca se menciona el término golpe de estado) fue “un paso necesario”.
Las próximas semanas serán decisivas para Hamas. Lejos está de salir de la lista occidental de organizaciones terroristas. Pero aún le quedan amigos por ganar. Si en los próximos días logra imponer el orden público y administrativo, y detiene los ataques con qassams a Israel, Hamas será visto por algunos como una nueva fuerza capaz de gobernar. Su carta más fuerte, sería la liberación de Alan Johnston, periodista de BBC secuestrado por terroristas islamistas “independientes”. De hacerlo, esa se convertirá la prueba definitiva de quién manda. Los medios, formas y fines del nuevo gobierno serán discutibles, pero Hamas quedará establecido en esta pequeña y porción de tierra.
Haniyeh también tendrá que lidiar con el boicot internacional. El golpe de estado que perpetró hace 10 días, dio una imagen que será difícil de revertir: algunos indecisos, se decantaron finalmente por apegarse al boicot. Se prevé desabastecimiento de combustibles y alimentos para dentro de dos semanas. Los ciudadanos palestinos ya están almacenando víveres para tiempos difíciles. Los que pueden, escapan hacia Egipto, Israel o Cisjordania. Algunos países, se comprometieron seriamente a paliar una crisis humanitaria que parece inevitable. El 74% de Gaza, son “refugiados”. Viven en campos de refugiados y dependen de ayuda extranjera, un 23% depende de ayuda alimentaria para sobrevivir. Jordania mandará alimentos. Israel hará lo suyo. No le corresponde, pero sabe que si las condiciones empeoran, los civiles podrían terminar apoyando a Hamas. Por eso, está mediando con Egipto, para que éste permita refugiados en la península. Se llegó a algunos acuerdos y pocas docenas de personas pudieron pasar. En el cruce de Karni, norte de Gaza, cientos de palestinos se amontonan para permanecer en Israel, o ir luego a Cisjordania. Por cuestiones de seguridad, Israel permitió que pasen aquellos que necesitan tratamiento médico. También hay militantes de Fatah camuflados entre civiles que intentan ingresar a Israel. El ejército israelí está utilizando un cruce fronterizo al sur de Gaza para introducir alimentos a la región.
En la Ribera Occidental la realidad es otra totalmente distinta. La ayuda económica fluye como nunca. Occidente levantó el embargo, y ahora los países vuelven a tratar directamente con el gobierno de Mahmoud Abbas, sin el método TIM (también conocido como “Hamas’ Bypass”).
Fatah representa al islamismo moderado de Palestina. La moderación de Al-Fatah es relativa. Desde sus inicios, Fatah fue un grupo terrorista. En Líbano, al mando de Yasser Arafat, atormentó varias poblaciones cristianas. Damour y Jieh tristemente recordadas porque a los niños cristianos les cortaron los dedos “para que no pudieran disparar”. Fatah también fue el mayor responsable de los ataques suicidas en Israel. A diferencia de lo que se podría pensar, las pocas aldeas de carácter cristiano que quedan en West Bank, Qalqilya y Beit-Jala, prefieren a Hamas al poder porque se les da mayor libertad para ejercer su culto. Hay intimidaciones, sí; con complicidad de Hamas, sí; pero con mayor libertad que en gobiernos anteriores, que no es poco decir.
Fatah, aún se niega a reconocer a Israel y abandonar las prácticas terroristas. En ese sentido, y tal vez el más importante, Fatah es igual a Hamas. Para Fatah el dilema es otro. Necesita la ayuda de Occidente. El Primer Ministro israelí Ehud Olmert propuso retomar el diálogo con Abbas. La administración Bush levantó el boicot. ¿Hasta que punto ayuda esto a Fatah? Indudablemente benefician al gobierno de Abbas y por lo tanto, debería, beneficiar a la gente. Pero con tanto apoyo, Fatah comienza a ser visto como el títere de Occidente. Ya suficiente tiene Abbas con ser considerado traidor por dialogar con Israel, ahora no puede permitirse ser visto como el mejor amigo del mundo libre. Fatah está decayendo a pasos agigantados. Desde la muerte de Yasser Arafat, la corrupción se hizo evidente, y no goza de prestigio entre los palestinos. Después de todo, la imagen negativa de Fatah, terminó con la votación de Hamas en las elecciones.
En el curso de los próximos meses se terminará de definir la posición ideológica de los territorios palestinos. Gaza por ahora es un territorio islámico y Ribera Occidental es secular, “moderada”. Como siempre, los ciudadanos son rehenes de dos organizaciones terroristas que manejan a su antojo, para beneficio personal, la política de un territorio discutido, arrastrando así los sueños y vidas de los palestinos. Los palestinos, antes que secular o islámicos, se consideran palestinos. Y la mayoría no se ve a sí misma dividida en dos territorios. Tal vez, la clave no pase por considerar que son dos pueblos en un mismo territorio, sino que son un mismo pueblo en dos territorios distintos.
