Como ya saben el Presidente de la República Islámica de Irán visitó New York. Y se armó cierto revuelo.
Primero concedió una video conferencia al National Press Club, ubicado en Washington. Allí fue interrogado por un panel de periodistas que fallaron en incomodarlo con preguntas y muchas veces derivaron en cuestiones más banales como las artes culinarias del presi iraní. Mahmoud Ahmadinejad dijo sus frases típicas, y lo más jugoso que salió de esa entrevista, fue que se postularía a una reelección presidencial en su país.
Luego de esta conferencia, se dirigió hacia una parada muy criticada: un ping pong de preguntas y respuestas con estudiantes de Columbia University. (Dejaré de lado el tema de la hipocrecía en la izquierda estadounidense.) En este evento, la libertad de expresión en Estados Unidos alcanza uno de sus puntos máximos. Un personaje del tamaño de Ahmadinejad tiene derecho a hablar en una universidad americana, exponer sus ideas más estúpidas, estar en contra del gobierno y no ser detenido, como sí hubiera sucedido en su país. Porque cada uno puede decir lo que quiere en Estados Unidos.
La introducción / “bienvenida” que le dio el presidente de Columbia, Lee Bollinger, al iraní, se destacó por su hostilidad. “Mr. President, you exhibit all the signs of a petty and cruel dictator”, dijo Bollinger, entre otras como maleducado, provocador descarado, inculto. Esta clase de actitudes sólo juegan a favor de Ahmadinejad, de su provocación. Eso le dio lugar para dar clases de buenos modales: “En Irán, cuando tenés invitados, los respetás”.
Los espectadores eran, en su mayoría, de la clase de estudiantes progresistas que querían escuchar algo políticamente correcto y en contra de George Bush. Todo benefició al Presidente de Irán, que en estos ámbitos se permite decir cosas absurdas, como negar el Holocausto, y ser aplaudido. Pero Ahmadinejad no es ningún tonto; tiene una refinada técnica para bordear el ridículo diciendo cosas sin sentido y zafar de las situaciones. Ejemplo de ello es la respuesta a la pregunta “¿Por qué en su país ejecutan a los homosexuales?”, a lo que el dijo “En Irán no tenemos tantos homosexuales, no tenemos ese fenómeno. No sé quién les dijo que sí”. Los estudiantes rien, él evade una realidad y un reducido grupo desde el fondo lo abuchea.
En ambos encuentros, los interrogadores no lograron hacer que Ahmadinejad encare la situación de los Derechos Humanos de su país. Le siguieron el juego, rieron de sus “ironías” y terminaron desviándose hacia cuestiones menos importantes.
En Naciones Unidas

Con mucha menos trascendencia que el encuentro en la universidad Columbia, Mahmoud Ahmadinejad habló en la 62° Asamblea General de Naciones Unidas. A mi entender, su declaración más importante en Estados Unidos tuvo lugar aquí. Por 40 minutos escuché atentamente a un Ahmadinejad serio. Habló de Iraq, Irán, Palestina, No-Alineados, Estados Unidos, Líbano e Israel -nunca mencionado como tal, sino como “régimen sionista” o simplemente “sionistas”-. Cuestionó la estructura actual de Naciones Unidas, Consejo de Seguridad, AIEA. No recuerdo otra vez en la que este personaje haya expuesto tan clara y profundamente su política. Si bien no estoy de acuerdo con sus opiniones, hay que reconocer que el tipo le encontró la vuelta para mantenerse jugando al límite con la cuestión nuclear.
Realmente me sorprendió cuando dijo “The nuclear issue is closed”. Según él, el programa nuclear es pacífico; Irán ejerció su derecho y cumplió con las normas de la AIEA. ¿Pero qué significa que el tema nuclear esté cerrado? A pesar de que un gran diario se empeñó en entender exactamente lo contrario, con esta frase Irán ignorará todas y cada una de las demandas de las “potencias arrogantes”, dejando pocas vías para la solución.
A partir de los próximos días espero que las relaciones con Teherán decaigan con estrépito, porque poco margen le queda al mundo libre para lidiar con un régimen teocrático. Sin posibles soluciones en el horizonte, las acciones militares son casi la única resolución vigente para evitar que Irán alcance the point of no-return.