Los científicos sociales

Hay una tendencia creciente en los movimientos armados del mundo a transformarse en insurgencia. Incluso los grupos reconocidos o ciertos ejércitos regulares ahora diseñan planes para realizar guerrilla de resistencia en caso de que el enemigo rompa su organización.

Hasta los grupos terroristas, si quieren permanecer, se transforman en movimientos organizados cuya actividad armada consiste en actividades insurgentes más que terroristas.

En el mundo, especialmente en Medio Oriente, hay docenas de grupos denominados genéricamente como “terroristas islámicos”. Pero esta calificación no nos dice nada. No hay comparación alguna entre Hezbollah y terroristas chechenos; ni entre Hamas e insurgentes sunitas iraquíes.

Un análisis más cercano de la realidad permite ver que todos estos grupos tienen aliados, enemigos y objetivos diferentes. No existe la “jihad global”, sí existe una actividad insurgente en el mundo que no tiene coordinación internacional ni forman parte del mismo movimiento (el último gran grupo terrorista internacional fue al-Qaeda).

A medida que los grupos adoptan la táctica insurgente, se acercan a la población y trabajan con ella. Los ataques insurgentes no tienen como objetivo eliminar al enemigo; su meta es enviar mensajes a la población. Por ejemplo, en Afganistán el talibán realiza ataques esporádicos, no son constantes, van y vuelven de acuerdo a la situación. El mensaje que se envía es que el gobierno central y los ocupantes no los pueden desarraigar del lugar. Los tribales que ven esto, obtienen la impresión “el gobierno central no nos puede proteger”. Y es ahí cuando el residente local ve a los insurgentes como una alternativa protectora al gobierno central.

En Iraq, las distintas insurgencias también envían mensajes a la población. Estos grupos buscan influir (motivando o aterrorizando) en los civiles para obtener apoyo popular, porque si lo logran no pueden ser vencidos.

Si bien comparten este elemento distintivo de la insurgencia, cada grupo es distinto. Incluso si están en el mismo país, los tipos de mensajes que quieren enviar y sus destinatarios van a ser diferentes. Veamos Iraq: la insurgencia duleim, la nacionalista sunita y la de Muqtada al-Sadr poseen distintas motivaciones y objetivos.

Cada insurgencia en cada lugar debe ser tratada de una forma independiente. No existe una solución militar contra-insurgente genérica. Para tratar esta nueva (o no tan nueva) amenaza se necesitan científicos sociales. Historiadores, psicólogos, sociólogos, antropólogos, etc, modifican la guerra y la redefinen en sus términos.

Para Estados Unidos, la Guardia Republicana nunca fue un enemigo de altura, y así se probó; en pocos días el régimen de Saddam Hussein colapsó. La verdadera amenaza de las fuerzas aliadas eran los combatientes irregulares. Esta clase de enemigo ya había probado ser problemática para Estados Unidos hace 40 años. No se la puede vencer utilizando aviones y armas de alto calibre.

La situación en Iraq se volvió desastrosa, refugiados, limpieza sectaria y al límite de una guerra civil. Entonces, se decidió aplicar (con buenos resultados) la conocida “surge”. En el blog ya analicé el fenómeno social de la surge, una estrategia que no es tan militar como nos la presentan.

La surge es un trabajo casi exclusivo de los científicos sociales. Es más, el 75% de la implementación de la surge no es militar. Estos científicos están capacitados para trabajar en las esferas sociales requeridas en cada caso, discernir dónde está el origen del apoyo a la insurgencia, y finalmente diseñar puntos de intervención. Un ejemplo gráfico de esto, son los bucles de retroalimentación de Kilcullen, que estoy posteando regularmente.

Veamos dos ejemplos concretos de cómo los científicos sociales influyen en un campo de batalla:

  • En Afganistán. Antes de conducir operaciones en un área determinada, los soldados se sientan a merendar con los líderes tribales y ven qué necesitan: coranes, abrigos para la nieve, un dínamo hidroeléctrico. Los estadounidenses consiguen esos elementos a cambio de promesas de apoyo local. Entonces, horas después del combate, entregan los elementos para demostrar que se obtienen mejores resultados cooperando. Así ganan los estadounidenses, los tribales, y se aliena a los talibanes.
  • Un ejemplo de Iraq. Los soldados estadounidenses van a la mezquita de un líder hostil pero dejan sus armas en la entrada. El anfitrión dice: “Veo que dejaron sus armas. ¿Cómo saben que no los voy a capturar y tomarlos de rehenes?”. El científico social del grupo responde: “Porque si lo hicieras, no tendrías honor”. El iraquí sorprendido sonríe y les da la bienvenida a la mezquita. A partir de ahí pueden charlar.

Es interesante ver cómo los científicos sociales encuentran un lugar tan importante en los conflictos. Y personalmente me entusiasma, porque yo voy en camino a ser uno.

Publica un comentario o deja una referencia: URL de la referencia.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 45 seguidores

%d personas les gusta esto: