El 7 de junio las dos principales alianzas políticas se enfrentan en las elecciones parlamentarias libanesas. Por un lado 14 de Marzo liderada por Saad Hariri, el hijo del asesinado Rafik Hariri, y su partido Movimiento del Futuro. Por el otro, la alianza 8 de Marzo, liderada por Hezbollah y el Movimiento Patriótico Libre del maronita Michel Aoun. Partidos independientes de menor tamaño también participan.
Actualmente el Parlamento es controlado por 14 de Marzo; pero estas elecciones traen la posibilidad real de que Hezbollah (junto a sus aliados) obtenga la mayoría parlamentaria y el gobierno por primera vez.
En la historia reciente, Líbano estuvo sujeto a los juegos regionales entre árabes y persas. Hezbollah constituye uno de los intereses más importantes para Irán en el exterior. Arabia Saudita intentó actuar como padrino político de Saad Hariri, cuyo movimiento también cuenta con el apoyo explícito de Estados Unidos y otros gobiernos occidentales. Estas elecciones no son la excepción: Riyad y Teherán están inyectando “cientos de millones” de dólares para las elecciones 1. Durante los últimos tres años, Irán estuvo creando compañías para comprar tierras en áreas no shiitas en el sur del país y así contribuir a la configuración del micro-estado de Hezbollah 1.
Buena parte de los análisis de estas elecciones se centra en el posible escenario de un Hezbollah victorioso, en el gobierno. Si ese es el resultado, es evidente que Irán habrá logrado un eslabón más en la red de gobiernos amigables al régimen islámico.
Para Estados Unidos se presenta un dilema similar al del 25 de enero de 2006 en Gaza. Inicialmente se debatía la aceptación de Hamas en una elección democrática. Cuando Hamas ganó, varios gobiernos occidentales consideraron toda o parte de la Autoridad Palestina como terrorista, con el consecuente boicot. Esa decisión acabó aumentando la división entre Fatah y Hamas, y complicando considerablemente la situación política. Hoy existe en Gaza una entidad aparte de la Ribera Occidental.
En el fondo se trata del desafío que todavía no supieron resolver: la participación de fuerzas irregulares (y generalmente anti-democráticas) en procesos democráticos. A favor, el sistema democrático, con sus frenos y contrapesos, podría ayudar a moderar a estos grupos. El hecho que Hezbollah decida participar en una elección significa que la democracia como sistema política goza de buena reputación. Y hasta puede ser considerado un éxito, el hecho de que el sistema haya arrastrado a Hezbollah dentro del juego democrático.
Sin embargo, las organizaciones podrían aceptar las elecciones para llegar al poder y legitimarse, para luego obrar contra la democracia desde adentro; como hizo Hamas en Gaza. En una columna del New York Times, Tzipi Livni los llama “demócratas por una vez”. No sólo hay que aceptar los medios democráticos, sino sus valores; los privilegios vienen con responsabilidades 2.
No podemos saber cómo actuará Hezbollah si gana las elecciones. Hasta ahora, el status de Hezbollah no se debe propiamente a su actividad política convencional, sino a las relacionadas a su micro-Estado en el sur. Hassan Nasrallah es un líder inmensamente popular, en parte por su discurso de reivindicación, fortalecido luego de la guerra con Israel en 2006. Muchos en Líbano ahora ven a Hezbollah como la primera línea de defensa, legitimando el estatus de milicia armada y haciéndo aún más difícil su desarme.
Hezbollah representa además dos valores bien definidos: 1) el anti-occidentalismo, el desafío a la interferencia de Estados Unidos y la rivalidad con Israel; 2) la voz de los shiitas marginados de Líbano 3.
Esta vez, hay una alianza detrás de Hezbollah que podría limitar sus acciones. Las decisiones políticas deberán ser compartidas con Movimiento Patriótico Libre, Partido Comunista Libanés, Partido Social Nacionalista Sirio, Marada y Amal. Llegar a un concenso con todos estos partidos (en especial el de Michel Aoun) es un logro que Hezbollah tal vez no esté dispuesto a arriesgar con irresponsabilidades. Si deseara mantener mayor libertad, Hezbollah podría conformarse con una modesta porción del nuevo gobierno.
La elección del domingo podría convertirse en el impulso final del “modelo Hezbollah”: una combinación de milicia irregular, ala política y red de caridad, que parece no agotarse. Si llegara a obtener el máximo control político de un país, podría transformarse en una fórmula copiada por otros movimientos en la región. Hasta ahora, el más similar es Lashkar e Taiba, en Pakistán.
Dos cosas podrían dañar a Hezbollah seriamente. La primera es una disociación visible entre la agenda iraní y los intereses libaneses. No hay indicio de que esto ocurra en lo inmediato. La segunda es la acusación de que Hezbollah asesinó a Rafik Hariri. Difícilmente se pueda imaginar otro escenario más perjudicial para la organización shiita que ser encontrado culpable por el Tribunal Especial para Líbano de Naciones Unidas.
El 23 de mayo, Der Spiegel publicó un artículo en el que dice que nueva evidencia apunta a Hezbollah como el asesino del ex Primer Ministro libanés Rafik Hariri. Además de la imagen negativa, la confirmación rompería la alianza entre los maronitas de Michel Aoun y Hezbollah. El memo de entendimiento que ambos firmaron en 2006, contiene un artículo VII A que condena “el asesinato del martir Primer Ministro Rafik Hariri y todos los otros asesinatos e intentos de asesinato que le precedieron y siguieron” y enfatizaron “la importancia de procedeer con la investigación de acuerdo a los mecanismos aprobados oficialmente [Tribunal Especial] para descubrir la verdad” 4.
1. Amir Taheri, Showdown in Lebanon, Wall Street Journal 05/06/2009.
2. Tzipi Livni, Democracy’s price of admission, New York Times 05/06/2009.
3. Sobre cómo los shias fueron desfavorecidos en las instituciones, Alice Fordham, Talk to the shia, not just Hezbollah, NOW Lebanon 10/04/2009.
4. Hezbollah y Movimiento Patriótico Libre, Memorandum of understanding, 06/02/2006.
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