La operación de Israel en Gaza, ubicó a Egipto entre la espada y la pared. El status quo con Gaza mantenía la calma regional; ahora que el equilibrio de poder ha sido modificado, las consecuencias son inciertas.
Todo se remonta a unos años atrás, en los que Egipto comenzó a jugar el papel de mediador activo. Se puede decir que ha sido un justo moderador. Entre facciones palestinas, entre Hamas e Israel. En su rol, intentó equilibrar los intereses árabes y la amistad con Israel.
Cuando hace 6 meses Hamas propuso una tregua, Egipto llevó el recado. Israel era reacio a esta idea, porque durante treguas anteriores los cohetes seguían cayendo sobre Israel. Sin embargo, Egipto insistió.
La tregua llegó a su fin, pero ocurrió lo esperado: Hamas la rompió diariamente, y en la última semana escaló los ataques incomprensiblemente. Otra tregua no respetada no sería llamativo, de no ser por la confianza que Egipto había depositado en Hamas.
Egipto confió en que Hamas respetaría la calma e incluso que la renovara luego de los 6 meses. Hosni Mubarak confió a pesar de que el movimiento islámico está aliado con su principal enemigo político, Hermandad Musulmana.
Al final de la aventura, el Presidente egipcio comprendió la naturaleza irracional de Hamas. La calma había fracasado, y Mubarak estaba humillado. Egipto realmente se había jugado por la paz, para evitar el enfrentamiento armado, ayudando a los palestinos con compromiso real como ningún otro Estado árabe lo hizo. Aunque significara tratar con un movimiento islámico. Pero no funcionó. Como respuesta, Hamas tenía que ser disciplinado.
Deterioro regional
El escalamiento entre Israel y Hamas parece reclamar a cada Estado árabe que se decida por un bando. En todo Medio Oriente, protestantes reclamaron a sus gobiernos que hagan “algo”. Probablemente ni siquiera ellos sepan qué quieren que se haga, pero Palestina es una causa que reúne gente. Otras consignas como “Free Palestina” no pueden realizarse de inmediato, sino que son parte de un proceso prolongado que Hamas rechaza.
Los gobiernos árabes apoyados por Occidente están bajo presión. A pesar de que condenan el ataque israelí, no sacia a los protestantes; quienes piden corte de relación con Estados Unidos e Israel. Aún más perjudicados, son aquellos que tienen un grupo político-islámico como oposición al oficialismo.
Es interesante notar que el mensaje de Hamas no es popular, pero sí el palestino. Por ejemplo casi ningún gobierno apoyó a Hamas abiertamente, excepto Irán y Hezbollah.
Todo este movimiento de masas y ubicación en bandos, propicia una retórica inflamatoria y generará -inevitablemente- fricciones entre los actores regionales. El primero de ellos se dio cuando Hassan Nasrallah -líder de Hezbollah- acusó a Egipto (y a medio mundo árabe) de ser cómplice de crímenes contra los palestinos en Gaza. El Ministro de Exterior de Egipto, Ahmed Abdul Gheit, respondió: “If that means a declaration of war against the Egyptian people, then the Egyptian people will stand up to this war”. [vídeo]
De visita en Turquía, Gheit se refirió a Irán y Hezbollah: “Algunos [Nasrallah] ayer pidieron que el pueblo de Egipto tome las calles y cree una atmósfera de anarquía. En otras palabras, quieren una atmósfera de anarquía similar a la que crearon en su propio país. [...] Las honorables fuerzas armadas de Egipto son capaces de defender la patria de gente como ustedes. Quieren crear caos en esta región como servicio a intereses que no son buenos para la región”.
Sin dejar de condenar los ataques de Israel en Gaza, el diario egipcio al-Ahram culpa a Hamas por la operación: “If you can’t kill the wolf, don’t pull its tail. [...] Palestinian officials who do not want peace and seek empty heroism did not take Egypt’s warnings seriously. The day of the Israeli foreign minister’s visit to Egypt, the militants sabotaged mediation efforts to reach a cease-fire agreement by firing 60 rockets at Israel”.