Sobre el intercambio
Miércoles, Julio 16, 2008 — FernandoYa ocurrió el intercambio. Ahora Israel tiene que sentarse a pensar muchas cosas.
El gobierno quiso evitar otra situación Ron Arad, trayendo de vuelta a los dos soldados secuestrados. La imágen de la entrega de los dos cajones y su llegada a Israel fueron un trago amargo. Al decidir la repatriación de sus hombres, sabía que se exponía a este escenario y a la propaganda desde Líbano.
Lo importante es que este intercambio sienta algún precedente para este tipo de situaciones. Cuando Israel se embarca en las negociaciones, acepta las consecuencias del precio alto y compromisos del acuerdo. Los rehenes o sus cuerpos fueron elevados a una situación casi sagrada en la que parece obligación redimirlos.
Hamas estará influenciado por el resultado de hoy. Sabrá que puede pedir un precio muy alto, y endurecerá su posición si Shalit está vivo. Lo bueno es que Hamas se preocupará por mantenerlo vivo, y de alguna manera asegura su liberación o la disposición a negociar. Algunos creen que ocurrirá lo contrario: las organizaciones terroristas no cuidarán sus vidas porque saben que el precio de muerto ya es alto. Ahora también saben que no necesitan presentar pruebas de vida o tratarlos humanamente, como requiere la ley internacional.
Desde la posición inicial de Hezbollah el año pasado, el “precio” por los soldados bajó considerablemente. De haber resistido, probablemente se hubieran podido cambiar cuerpos por cuerpos, sin necesidad de liberar al asesino Kuntar. Sólo el Primer Ministro y su Gabinete saben cuánto influyeron las presiones políticas internas, de medios para declarar muertos a ambos soldados, y de las familias de los soldados para acelerar el acuerdo.
Para el final dejo una cuestión imprescindible que trasciende los hechos puntuales. Tanto en el sur como en el norte, Israel tiene a dos organizaciones terroristas. Organizaciones que no responden a la autoridad de ningún Estado. Cada intercambio, cada negociación y cada trato, va legitimando la autoridad de estos actores no estatales. El problema no es que los legitime como actores importantes, el problema es que se legitima la importancia adquirida a través del terrorismo.
Las organizaciones se legitimaron entre su gente, esa presencia ya es inquebrantable. Es imperioso resolver el problema, sin otorgarles la legalidad que alimentará a otras organizaciones en la región o en cualquier parte del mundo a hacer lo mismo, a utilizar el terrorismo como método legítimo de lucha.
Mientras estos actores criminales y legalmente marginales adquieren valor, los legales lo van perdiendo. La revalorización de Hamas acentúa la ausencia de autoridad en la Ribera Occidental; y Hezbollah deslegitima la democracia en Líbano.
Los intercambios, son un indicio del problema mayor que estas organizaciones presentan. Son el ejemplo de un problema que no se puede resolver con diplomacia, pero tampoco con respuesta militar. Lo más viable hasta ahora han sido las ocupaciones y las all out wars; situaciones nada deseadas.










