En 2005 escuché por primera vez a un antropólogo australiano llamado David Kilcullen. Su análisis era propio de un hombre de ciencias sociales pero con un toque cientificista heredado de las ciencias duras. La simpleza y precisión con que comunicaba sus ideas me impactó. Con el tiempo, fue ganando más espacio en algunos medios especializados, y finalmente publicó su primer libro, que adquirí y cuya tapa ven a la derecha.
Su creciente exposición era la punta del iceberg. El ejército australiano le había financiado un doctorado antropología política, estudio que Kilcullen finalizó con un estudio de campo en Java Barat, Indonesia. Australia “prestó” Kilcullen a Estados Unidos, donde se convirtió en el asesor principal del General David Petraeus. Con un enfoque antropológico, diseñó una nueva estrategia para Iraq, que posteriormente fue simplicada en el discurso con la idea de “surge“. A partir de entonces, la violencia en Iraq descendió, y se mantiene baja hasta hoy. Después fue destinado a trabajar en una estrategia para Afganistán, fue asesor de Barak Obama, y contratado por algunos gobiernos europeos.
A partir de 1990s, la superioridad militar (en especial aérea) de EEUU era abrumadora. Existía entre las fuerzas armadas la idea de “fin de la guerra”, esto es, la superioridad de un país era tal, que las guerras serían cada vez más rápidas, con menos víctimas, de fácil resolución. Hasta 2001. El ataque del 9/11 demostró que había otra corriente que evadía por completo el “sistema de sistemas” de EEUU. Sería tonto enfrentar directamente a la potencia, por eso un actor no-estatal desplegó su creatividad. Al-Qaeda (AQ) presentaba una guerra sin límites ni reglas; opuesto al convencionalismo americano. Pero más desafiante, era atacar a AQ sin invadir un país. Donde EEUU invadía, se encontraba con la resistencia de guerrillas y grupos terroristas que ni siquiera eran aliados de AQ. Entonces, ¿por qué los atacan?
Existen cuatro formas de explicar el escenario post-2001: 1) una resistencia a la globalización; 2) una insurgencia globalizada, se enfrenta a un movimiento transnacional, liderado por el grupo terrorista al-Qaeda que utiliza las 4 tácticas estándar de todas las guerrillas (provocación, intimidación, prolongación, extenuación); 3) una guerra civil dentro del islam, sus consecuencias afectan al resto del mundo (un libro notable sobre esta visión fue escrito por Vali Nasr, ver post The Shia Revival); 4) guerra asimétrica, un modelo que analiza la funcionalidad más que la política del conflicto.
Según David Kilcullen, las cuatro perspectivas explican algún aspecto del escenario pero parcialmente, son todas válidas pero ninguna está completa. Él integra entonces todas las explicaciones mediante el concepto “guerrilla accidental”. Resumidamente: AQ se instala en una población, fusiona sus actividades con la de los locales, desde allí exporta violencia mediante ataques terroristas, el país atacado invade generando una guerra con los inevitables daños colaterales. Al atacar a AQ se ataca a la población, éstos se ven envueltos en una guerra que no iniciaron, y como AQ ya es parte de la población, los habitantes están inclinados a apoyar a AQ en vez de al invasor. Es decir, la invasión crea guerrilleros donde no los había; el habitante se convierte en guerrillero por accidente. [El concepto se trató en el blog repetidamente, por ejemplo los posts El avance del talibán, Los científicos sociales, Feedback loops].
En sólo 37 páginas Kilcullen explica el concepto “guerrilla accidental”. El resto del libro son aplicaciones de la teoría a casos reales. La primera parte estudia casos de Afganistán; la segunda, casos de Iraq y cuenta el proceso de diseño de la “surge”; la tercera, casos menores de conflictos desde Indonesia hasta Europa. Al final, las conclusiones, que él titula “Transformar el elefante en un ratón”, porque los casos analizados no son más que pequeñas guerras (ratones) dentro de una gran guerra (elefante), cada una con una solución particular, solucionar las pequeñas guerras es una forma de resolver la gran guerra.
La metodología utilizada en el libro puede ser catalogada como etnografía de conflictos, porque explica los conflictos en sus propios términos (en antropología, emic, opuesto a etic), posicionándose en el ambiente físico, humano, informacional e ideológico en el que ocurren. Intenta entender el terreno a través de los ojos de los participantes.
Desde 1950s hasta 1980s, Estados Unidos se rigió por la “Teoría del dominó”. La teoría era evidentemente falsa, pero se mantuvo durante tres décadas por una razón: proveía un marco de acción, era útil. Dentro de ese marco, EEUU pudo invadir países, hacer guerras y organizar golpes de Estado. No voy a juzgar la veracidad de la teoría del guerrillero accidental, pero es innegable que es útil. A través de ella, se pueden explicar todos los conflictos del mundo en los que al-Qaeda y grupos similares están involucrados, y probó ser en Iraq a partir de 2005 la herramienta que ganó la guerra. Después de leer el libro de Kilcullen, entenderemos los conflictos con mayor rapidez, identificando los elementos y fases que él describe. Por ejemplo, apliqué el concepto a dos conflictos para los que el libro no fue pensado: La integración de Shabab en la economía somalí, y la instalación de al-Qaeda en Yemen; también me sirvió para graficar un ciclo de criminalización en la economía afgana.
“The accidental guerrilla” de David Kilcullen es un libro que no llega a ser completamente técnico pero tampoco informal. Aunque según algunos, está destinado a convertirse en un clásico en la historia de la contra-insurgencia. Podría decir que es un libro apasionante, informativo o sagaz, pero por sobre todas las cosas lo considero útil. 10/10.














