Estados Unidos anunció una gran venta de armas a Arabia Saudita. La operación, de 20 billones de dólares, se irá realizando a lo largo de los próximos 10 años. Otros acuerdos de armas con Egipto e Israel también se concretaron.
Estados Unidos, necesita “balancear” el poder en la región. Por eso, cree necesario darle mayor poder de fuego a Arabia Saudita y otros países del golfo. Con esta acción, Estados Unidos no sólo arma un frente más amplio para combatir Irán, también fortalece las relaciones con sus aliados en la región. “Estamos acá, y los vamos a apoyar; las armas, son sólo una muestra” parece decir la administración Bush.
La idea de armar a los jeques árabes parece descabellada, pero bastante funcional a mediano plazo. Hasta Israel logró vislumbrar cierta sabiduría en esta estrategia. “¡No podés armar tanto a los árabes!” protesta el Estado Judío. “Tranquilos, si a ellos les damos 10, a ustedes les vamos a dar 100″, promete Estados Unidos. El comercio de armas actual enfoca hacia un eventual enfrentamiento militar con Irán y en el mejor caso, que desista voluntariamente del plan nuclear. La rivalidad shiita-sunita es explotada al máximo. Arabia Saudita recibirá las mejores armas, se sentirá con más confianza. A cambio, debe apoyar el nuevo gobierno en Iraq.
Podría ser preocupante en un futuro, que estas armas se vuelvan contra Israel, sobre todo de parte de Egipto por la cercanía. A favor de Israel, Egipto es un dictadura que, como dice Marcos, es liderada por un dictador, y con ellos “por lo menos se puede transar”. Otro punto a favor, es que tanto Egipto como Arabia Saudita, no están comprometidos a destruir Israel, por lo menos no en la inmediatez. No porque no tengan la intención, sino porque carecen de la capacidad para concretarla. En estos países extemadamente volátiles, las intensiones pueden cambiar repentinamente, mas la capacidad militar no.
Irán no teme el ataque directo de nadie, excepto Estados Unidos. Y con razón: el último movimiento norteamericano hace imposible no notar con quienes negocia: Arabia Saudita, Kuwait, Oman, Bahrein, Qatar, todos rodeando a Irán. Sin descartar la limitación desde Afganistán e Iraq. El mantener a estos países, de mayoría sunnita, armados, evitará un expansionismo persa en la región. Más aún, le obligará a moverse con más cuidado para no avispar el vecindario. Del otro frente, el interno, Estados Unidos casi no necesita ocuparse. La imágen del Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad viene golpeada por la errónea política económica, y con cada agravio hacia el país norteamericano, la gente vuelve a cuestionar su apoyo al presidente.
Los siguientes pasos para Estados Unidos y su axis of eagle son mucho más complicados. Un frágil Pakistán necesita ser convencido que está en sus propios intereses presionar a Irán. La idea no sólo es presionarlo, es necesario aislarlo. Y en eso queda la difícil tarea de quitar a Hugo Chávez del poder y, ya casi imposible, borrar la influencia que Rusia supo construir a través de los años en Medio Oriente mediante la venta de armas.
Irán también tiene su juego. En los últimos dos años hizo tiempo a través de los idas y vueltas en la relación con la Organización Internacional de Energía Atómica. Tiempo valiosísimo para llevar a cabo un plan nuclear. También tutela a Siria, y lo demostró hace dos semanas con la visita del Ahmadinejad a Damasco. Siria es el único punto confiable donde la válvula de escape de Irán libera su presión. Es a través de allí, que apoya económica y militarmente a organizaciones terroristas como Hezbollah y Hamas. Mientras Estados Unidos forma un bloque de contención alrededor de Irán, éste propicia actividades terroristas demasiado cerca de Israel.
Las buenas noticias son que Estados Unidos logró un círculo de confianza y estabilidad con los países sunnitas del golfo, y en caso de una guerra con Irán, no sería “molestado” por ese lado. Destruir el régimen islamofascista de Teherán es esencial para la estabilidad a largo plazo de la región. Sin embargo, preparar el camino de esta manera para semejante enfrentamiento es altamente inflamable a largo plazo . De no efectuarse el ataque a Irán, el más perjudicado será Israel, cuya existencia misma estará en juego. Si no se da esta guerra, que aún puede ser convencional, el enfrentamiento será solamente postergado para el momento en que la guerra sea, inevitablemente, nuclear.