Pragmatismo radical: Jordania
Lunes, Junio 9, 2008 — FernandoOcupar la Ribera Occidental es un trabajo sucio. Además de gastar una importante cantidad de recursos económicos y humanos, genera “mala fama”. Israel hace este trabajo en pos de su seguridad nacional y resolver conflictos territoriales y políticos.
Varios proyectos se han presentado para resolver el conflicto; la mayoría de ellos tienen una finalidad común que es la creación del Estado Palestino. Pero ¿es realmente lo mejor? Muchos creen que los pueblos deben ser libres de regirse a sí mismos por la estructura política que deseen. ¿Qué sucede cuando esa política genera conflicto con otra auto-determinación?
Un Estado Palestino no será más o menos enemigo de Israel. Lo que se intenta hacer es echar un poco de claridad legal a una situación que no sin razones ha sido denominada “conflicto paralelo”, o incluso conflicto de “soberanía paralela”.
No todos desean un Estado Palestino, comenzando por los mismos palestinos. Si vemos los intentos fallidos que sucedieron en las últimas décadas y la actual negociación que parece no tener ningún puerto, entenderemos que el Estado en tanto finalidad podría no ser la verdadera solución. De fallar este último intento, otras consideraciones deberán ser tomada. Entre ellas, un Estado Judío Israelí único, que también administre el territorio palestino no soberano.
Otra de las opciones es la llamada “opción jordana”. Una propuesta cuyo tiempo parece nunca ser el adecuado para implementarla. Obviamente, incluye a Jordania para resolver el problema. No me quiero ocupar en este post sobre la eficacia o no de esta opción.
Parece increíble que Jordania en la anexión palestina de 1950 o Israel en la ocupación 1967 no hayan vislumbrado el futuro problemático de esta porción del Mandato Británico. Ya en la actualidad, resulta imperioso llegar a un acuerdo de status final en lo que respecta a “Palestina”. Sea una solución bi, multi, o unilateral.
La “opción jordana” consiste en reorganizar el proceso de paz para incluir a Jordania en una negociación tri-lateral. Dentro de esta concepción, lo ideal sería la ocupación militar jordana en cooperación con Israel en la Ribera Occidental. Así el nuevo mapa dibujaría un Estado Hashemita en ambos lados del río Jordán y limítrofe con Israel, dos regímenes seculares puestos de acuerdo para administrar la región. Nótese que no hablamos de Estado Palestino.
Y acá está el quid de la cuestión. Un Estado Palestino sería ganado rápidamente por Hamas y otros elementos extremistas, quienes ya legalizados procederán con su plan pan-islamista. Un peligro real para Israel a primera vista, pero igual de peligroso para Jordania.
Explico, o mejor hago memoria. Los palestinos fueron, en la historia moderna, hostiles a Jordania (y en general hostiles con los seculares). Hechos innegables antes y después de la ocupación jordana lo demuestran. El asesinato del Rey Abdullah I en 1951, el intento de guerra civil y toma del poder de Amman en Septiembre de 1970, o los reiterados intentos de asesinatos a los sucesivos Reyes Hussein y Abdullah II en las últimas décadas; son los ápices de una relación violenta entre estas dos sociedades.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, podemos observar que el vínculo no es precisamente pacífico. Entonces, ¿por qué se haría cargo Jordania de la Ribera Occidental? La solidez de la opción jordana no radica en la fraternidad árabe, sino en la seguridad. Tanto Jordania como Israel necesitan tener controlado “de cerca” al nuevo Estado Palestino, fuente futura del nuevo mal regional. Jordania, más que Israel, directamente precisa que no haya Estado Palestino.
Sea Israel por seguridad nacional, o Jordania por continuidad de la realeza, combatir el terrorismo es la forma de manejarse en este lado del mundo, y es el paradigma estatocéntrico el medio. La formación del Estado Palestino es tan sólo una consecuencia circunstancial.
Expuesto este panorama, es evidente que Jordania puede ser de nuevo la menos peor de las soluciones. Las democracias son seculares, la religión en la política es devastadora y las monarquías son pragmáticas. Jordania es un exponente de ello y su dinastía Hashemita lleva el pragmatismo a su máxima expresión: el pragmatismo radical.










