Aplicaré el lente del pragmatismo a varios países de la región. Medio Oriente está gobernado en su mayoría por monarquías o dictaduras. Excepto dos regímenes democráticos: Líbano -bastante disfuncional aún- e Israel, ejemplar.
Hoy me voy a ocupar de una de las dictaduras, la de Siria. Para esto, me apoyo en la última entrevista que concedió el Presidente de Siria Bashar al-Assad al diario indio The Hindu. Assad es, tal vez, el más sincero de los dictadores de Medio Oriente. Sabe que su país no es democrático y no tiene problemas en reconocerlo.
En los últimos 10 años, Siria se posicionó en el centro de todos los problemas de Medio Oriente. Intervino en Líbano, tuvo guerras con Israel, problemas con Jordania, se alió con Irán y Turquía, y es uno de principales receptores de refugiados iraquíes. Lo primero que noto en la presidencia hereditaria (monarquía política) siria es la visión que supo tener. En los 80s y 90s apoyó a Irán, una jugada que hoy muestra sus frutos. También se expandió a India, a quien intenta involucrar como mediador reconocido. Y se relaciona bilateralmente con países de todo el mundo, creando una red comercial y económica “alternativa”, fuera del circuito mainstream, que puede resistir sanciones internacionales con relativa facilidad. Siria, se ha infiltrado en todos los conflictos regionales de tal manera, que es imprescindible tratar con ella para resolverlos. Su espectro político es tan amplio que este post pecará de superficialidad.
Bashar al-Assad es una clase distinta de dictador. Un dictador moderno, que ha aprendido de otros desastres políticos, y se ha agiornado a los tiempos que corren. Su fin es mantener a la familia en el poder y a Siria en buena forma. Para esto necesita un país económicamente próspero, seguro y libre de radicalismo islámico. Se podría decir que es un Dictador Benévolo con su gente, que en definitiva es la que da el poder.
Como en todo sistema sociopolítico, Siria está compuesta por varios ejes. Políticos, económicos, sociales, etc. El pragmatismo le indica a Assad que debe atender al eje más urgente, en este caso, el económico. Es por eso que Siria está viviendo una liberalización sin precedentes de su economía. Primer acierto, muchas dictaduras cayeron por el malestar económico. Y no es que Assad sea un neo-liberal de cepa, o un convencido; sólo sabe que funciona a los intereses nacionales, entonces aplica.
El eje político está más relegado. Pero como dije, aprendió de los errores de otros. Sabe que una democratización masiva como la de Algeria puede ser desastrosa (para él, claro). Entonces introduce pequeños cambios cambios, como la apertura de expresión política en el 2000 (Declaración de Damasco). Este tema urgirá dentro de poco tiempo, pero ya está preparando una reforma política que permitirá a otros partidos participar en elecciones. Hay que tener en cuenta, que Siria en este momento no tiene ninguna ley sobre partidos. Por lo que esta reforma impondrá un marco legal a la actividad política, aunque ésta sea bastante restringida. La dictadura intenta legitimarse todo el tiempo.
El problema de Siria y la democratización, al igual que en Jordania y Egipto, es el extremismo islámico y el comunismo. Ningún país que se democratice puede permitirse ser ganado por partidos islámicos o aberraciones comunistas. El mismo Presidente, pone en claro en la entrevista que el islamismo y el pan-arabismo son un obstáculo.
También, al igual que en Jordania y Egipto, en los 80s la estabilidad de gobierno Siria fue amenazada por el terrorismo de la OLP y Hermandad Musulmana, con intentos de golpes de Estado, asesinato políticos y fallidos magnicidios. Entonces, ¿por qué apoya a las organizaciones terroristas islámicas Hezbollah y Hamas si fueron hostiles al régimen?
La respuesta es simple: pragmatismo. Como todo Estado, Siria tiene un plano interno y otro externo. En el interno, el terrorismo es la amenaza directa al poder, entonces hay que exterminarlo. En el externo, el entramado es más complejo. Considera que cada problema es un track separado. Así en el track palestino está Hamas, en el libanés está Hezbollah, y en el shiismo está Irán. Al igual que Israel, considera que esos actores son claves para resolver el problema, más allá de que haya que hablarles o combatirles.
Para demostrar que Siria no apoya grupos terroristas islámicos por amor a Allah sino por la seguridad Estatal, les propongo observar lo siguiente: apoya a Hamas y Hezbollah, pero combate activamente a Al-Qaeda y Hermandad Musulmana, en esta lucha incluso cooperó con Egipto y Estados Unidos. La elección no es caprichosa.
Creo que una Dictadura para Siria es lo mejor por el momento. Assad sabe separar política y religión, idealismo y realismo. Como un día lucha contra el comunismo y ocupa Líbano, al otro día se retira y apoya el terrorismo. Todo por los intereses nacionales.
Siria puede cambiar de bando repentinamente. Y no porque esté convencido de que estaba haciendo mal, sino porque ve que es lo mejor para la seguridad nacional.
Por esta misma ambigüedad moral y ambición de poder es que Siria puede formar parte de un nuevo eje. No un eje del mal, sino un eje del bien. Junto a Egipto, Israel, Jordania y Líbano. Todos luchando contra el terrorismo y el comunismo. Los demás problemas regionales caerán de maduros. El Estado Palestino, las organizaciones terroristas, Irán, Iraq, son sólo jugadores menores.